sábado, 13 de diciembre de 2008

Juguetes y algo más

Continuando con mi racha de suerte, he resultado premiado en el concurso de fotografía que organizó la Asociación de Antiguos Alumnos del Colegio Calasanz. Mandé una foto de cuando se repartieron los juguetes en Cumayasa el año pasado, y parece que gustó.
Ahora me han pedido que mande unas líneas de explicación de las circunstancias de la foto, así que también aprovecho para ponerlas aquí. Espero que no les moleste.



Cumayasa es lo más parecido a la Sabana africana que hay por estos campos de La Romana. En lo que ayer fue un batey, vive ahora una comunidad sencilla y alegre, superando con optimismo los apagones constantes de luz o la escasez de trabajo precario o estable. En esa comunidad se construyó hace bien poco una capilla nueva, de la que los lugareños se sienten bien contentos. Y funciona desde hace un tiempo la Biblioteca Calasanz (de la red de bibliotecas del Proyecto "Calasanz nos une") como sala de tareas y lugar de consulta de libros.
Fuera de la escuelita, los niños pasan la mayor parte de su tiempo en los caminos, jugando con cualquier cosa y matando el rato a pedradas. Por eso, la llegada de los Reyes se vive con tanta expectación como ansiedad.
La foto fue tomada el 5 de enero del 2008, cuando les llevamos los juguetes que Sus Majestades habían hecho llegar (a través de los contenedores de Valencia) a Cumayasa.
Esa mañana se convirtió en un alboroto de alegría, nervios y ganas de probar los nuevos juguetes. Y yo tuve la suerte de estar allí para verlo, y poder captar con la cámara un pequeño retazo de la ilusión que ellos también me regalaron a mí.


domingo, 7 de diciembre de 2008

Viviendo la lentitud de las prisas

Desde que llegué han pasado muchas cosas, y a la vez ninguna. Mi vida ha cambiado la serenidad de la vuelta por la agitación y el ritmo frenético del día a día. Después, periodo de calma absoluta, de estar en paz con el mundo y conmigo, de armonía de los sentidos, de ver la perfección de todo cuanto me rodea. Y justo después, otra vez a correr, a la ansiedad de las cosas por hacer en la soledad de la ducha de la mañana. Ahora de repente cansado y apático, sin más visión de mañana que las teclas de mi portátil.
No sé con qué momento quedarme, pues no caben en este blog, sino en mi pequeño corazón de lánguida memoria y momento presente.
Me muero de sueño, mañana más.
 

sábado, 6 de diciembre de 2008

Invierno de ida y vuelta

Para quienes aún no lo sepan, estuve una semanita de viaje en
 Valencia, hace ya como dos semanas. 
Fue una visita estupenda, que me vino muy bien anímica
mente hablando (que no económicamente, la verdad). Estuve disfrutando en compañía de gente que quiero, "mi gente" que dirían aquí, con la que hacía tiempo que no compartía un rato de conversación y tranquilidad. Aunque bueno, tranquilidad más bien tuve poca, pues me pasé la semana entera corriendo de un lado a otro y con algo de stress de no poder hacer todo lo que había previsto.
Estuve de boda, Mónica y Ximo se dijeron que sí, y yo puder verlo en directo. Estuve en familia, la abracé, toqué y me dejé tocar. 
Fue un gusto poder explicarme, compartir este tiempo nuevo lleno de experiencias. Me ayudó eso a objetivar, mirar este año desde otra perspectiva. Disfruté también viendo a los "niños nuevos", y a los no tan nuevos pero bien crecidos, y me lamenté del tiempo que pasa y en el que no voy a poder tocarles las orejas a todos. Me paseé por el centro, abrí bien los ojos y observé las caras de la gente, tan linda, tan moderna. Pagué para sacar mi coche de la grúa, ¡200 € que son 10.000 pesos! Comí los platitos de siempre aquí y allá, cogí el autobús, me ahogué en noticias de crisis, me puse jersey y chaquetón.
Y llegué a la Fnac y me descubrí sin ganas de comprar, sin necesidad de consumir. Y me sentí por por primera vez muy raro, como extraño en casa. 

(En las fotos, una de boda y Laia, una de las pequeñitas que aún no conocía, hermana de mis ahijados. Pa' comérsela enterecita)

Tras la oscuridad

... llega un poco de luz. Miles de disculpas por haber tardado tanto. Me he ido, he vuelto, he empezado de nuevo a correr y creo que hoy ya me siento un poco más tranquilo. Así que os cuento un poco más en la siguiente entrada.
De regalo, una foto de mi gato de hace como dos meses. Es mi eficaz remedio contra las ratas.


viernes, 7 de noviembre de 2008

En la oscuridad

Casi todos los días, desde hace dos semanas, me levanto con una blasfemia en la boca. Muchos de esos días, me he acostado además con ella.
Y es que estamos de apagones, horas interminables de oscuridad, especialmente cuando más necesitas alumbrarte, a la hora de hacerte la cena, limpiar la casa, prepararte las clases del día siguiente o de consultar tu correo.
Los apagones no son fortuitos sino intencionados. Me imagino la cara del tipo que levanta el braker y nos sume en las tinieblas, y lo quiero matar. La razón es la de siempre, el sistema eléctrico nacional no puede asumir los impagos y las deudas de la gente que se "engancha" a otros de gratis. Pero más aún, la deuda energética que el Estado tiene con la empresa es al parecer brutal. La consecuencia es que la empresa eléctrica no puede asumir el coste del combustible para generar electricidad, ni el mantenimiento de las plantas generadoras. O sea, tu Gobierno no paga, y tú, que pagas religiosamente las facturas, eres víctima de cortes arbitrarios y no programados. Estupendo.
En un país primermundista, las denuncias a las eléctricas harían visible la indignación ciudadana desde las primeras planas de los periódicos. Saldría inmediatemente en la tele y se les caería el pelo. Aquí... no se inmuta ni Dios. Ninguna manifestación, escasísimas referencias en los periódicos y absolutamente ninguna movilización ciudadana. ¿Que a uno se le va la luz? Se acuesta y hasta mañana. ¿Que vuelve? Un aplausito y a seguir con la vida.
Más resultados colectivos: disturbios callejeros y violencia nocturna. En la noche, unos cuantos descerebrados pegan tiros, queman neumáticos, rompen botellas y, atención, tiran piedras a todas partes. Se podría pensar que es a la planta eléctrica, a algún jefe o así, pero no, es a otra gente, a la casa de un vecino, a un coche que pasa... Es como que tienes ganas de tirar una piedra, y dices ¿a quién?, ah no sé, yo la tiro...
Gilipollas.
Total, que la pobre gente, que nada tiene que ver, tiene miedo de andar a última hora en la calle por si le cae un botellazo o en el colmo de la mala suerte se come un tiro que no iba con ella. No exagero, ya son varios los que han muerto por balas "perdidas".
Obviamente, este problema, además de a la gente, afecta a los negocios, a los que se les impide prosperar. En la gomería (a la que voy casi dos veces por semana a llevar la guagua), me han despachado a media tarde con un "no tenemos luz". ¿Cómo va a salir este país adelante con una rutina semejante? También en la Nocturna nos echaron antes por miedo a encontrar problemas.

Las consecuencias son muy variadas, es difícil cuantificar los efectos psicológicos y las pérdidas de las empresas, tanto de clientes como de daños a equipos para los que es imposible el derecho a reclamación. La impotencia ya se ha instalado como un cáncer en este pueblo, que se me presenta cansado y acostumbrado, aceptando su destino. 
Ésa también es parte de la pobreza por cambiar.


lunes, 27 de octubre de 2008

Navidad caribeña

Dicen por aquí que octubre ya es casi casi Navidad. De hecho, la Navidad dominicana es de octubre a febrero, según dicen, pero yo he constatado que el mismito 1 de enero ya están arrancando a toda prisa los adornos que desde ahora empiezan a poblar las casas. Y es que de ilusión también se vive.
El centro comercial por excelencia, JUMBO (que viene a ser el Carrefour dominicano, un oasis para el turista de limpieza y orden al estilo primer mundo), tiene ya pasillos repletos de estantes con ornamentos de todo tipo, árboles, bolas y decoraciones, en un despliegue de barroquismo repetido anualmente. En las casas la gente ya saca sus ristras de bombillos llamativos, y la noche empieza a vestirse de destellos intermitentes.
En medio del calor caribeño, este sentir festivo se me antoja como fuera de lugar y de tiempo, anacrónico. Y, sin saber muy bien por qué, se me cuela en el cuerpo un sutil desasosiego vital.

domingo, 26 de octubre de 2008

Un año o más

Hoy, 26 de octubre, se cumple el primer año de mi llegada aquí. 
Es increíble, la sensación que sigo teniendo es de que llegué ayer. Pero no sólo en mí, sino en toda la gente que me rodea, la pregunta es la misma: ¿ya? Pues sí, hermanos, ya se ha completado un ciclo. Y es que el tiempo corre. 
Al principio los días eran lentos y las horas no encontraban su hueco en el engranaje pesado del tiempo. En noviembre traté de ubicarme, de llenar mi horario de cosas y de repente llegó Navidad, nueva, distinta y rara. Las clases en enero me sacaron de la ponzoña y surgieron las actividades como hierbas en el jardín. Empecé a comprender que estaba equivocando las conclusiones, e hice borrón y cuenta nueva. La vida fue cogiendo velocidad, y de repente el tiempo era un tren desbocado, incontrolable. Llegué justo para prepararme para Pascua, y de nuevo parón y acelerón. Estando en el intento de control, llegó el verano de sorpresa, y pasó como una apisonadora alterándolo todo, y queriendo esperar al siguiente. Calma, calma, me decía.
Septiembre llega y el curso me pilla con el uniforme por lavar y amigos que atender. Por fin con octubre la vida se instala en la rutina y avanza, llenando de detalles cada semana.

El balance es bueno, aunque posiblemente mejorable, como todo. Me encuentro bien, con ilusión. He hecho de este lugar y esta gente mi sitio. Vivo con planes de ahora, de luego, del mes que viene, del curso. 
Mañana Dios dirá, pero al menos hasta aquí hemos llegado. Toco mare.